Reprobados como sociedad

Por Fernanda de la Torre Verea

“Él era tan terrible que ya no era terrible, sino deshumanizado”

― F. Scott Fitzgerald, Tender is the Night

 

María Guadalupe Fuente fue llevada a un hospital después de pasar más de 26 horas, tirada en la calle afuera de Metro Tacubaya. Víctima de un infarto cerebral, se desvaneció en los andenes. El personal del Metro consideró que estaba ebria y después de un rato en la enfermería, la sacaron a la calle. El video de la mujer arrastrada por personal de seguridad para sacarla a la calle es francamente doloroso.

Independientemente de los errores y negligencia de quienes estaban en funciones de seguridad en el Metro, una vez que estuvo en la calle nadie acudió a su rescate. Más de un día tirada en la acera y nadie hizo nada.

La estación Metro Tacubaya no es una estación perdida en un rincón remoto. Es una de las estaciones con más afluencia de una megalópolis con más de 20 millones de habitantes. Además, hay comercios cercanos. ¿Cuántas personas pasaron a su lado y se desviaron de la banqueta, sin hacer nada? ¿Cuántos la vieron de lejos y durante horas y se quedaron con los brazos cruzados? ¿Cómo es posible que nadie se haya parado para ver qué le sucedía o llamar a una ambulancia? ¿Qué clase de sociedad estamos construyendo dónde los seres humanos se convierten en estorbos?

La página definicion.de pone como ejemplo de deshumanización un caso similar al de María Guadalupe. Cito Textual:

 “Muchas veces se vincula la deshumanización a la pérdida de los valores éticos y de la sensibilidad. Una persona se deshumaniza, por ejemplo, cuando se vuelve indiferente al dolor del otro. Puede decirse que la actitud de aquel que pasa caminando al lado de un moribundo y no se detiene para ayudarlo es el resultado de su deshumanización”.

Imposible negar que ya llegamos a ese nivel y que estamos reprobados como sociedad. Entiendo que una situación así desconcierta, quizá no sabemos cómo actuar; pero una llamada desde el celular al *911 o Locatel no es tan complicada. No podemos permanecer indiferentes al dolor ajeno. La historia de María Guadalupe es un indicador claro del nivel deshumanización que hemos llegado como sociedad. Un video de un animal maltratado causa indignación en redes (y qué bueno) pero en la vida real, somos tan crueles como pasar de largo ante un ser humano tirado en la acera.

El problema que al despojar al otro de sus rasgos humanos (que es la definición de deshumanizar) es mucho más difícil ser empáticos con ellos. ¿Cómo serlo con alguien que consideras que no es como tú? El régimen nazi se refería a los judíos como “ratas” y durante el genocidio de Ruanda, los Hatus llamaban “cucarachas” a los Tutsis, como si fuesen una plaga a la que había que exterminar. Puntos muy bajos en la historia de la humanidad. ¿Se puede cambiar? ¿Podemos ser una sociedad menos indiferente. Sí, es posible. Los psicólogos coinciden que para ello, requerimos ponernos en los zapatos del otro, conocerlo y tratar de comprenderlo. Ante una situación como la de María Guadalupe, en vez de pasar de lado preguntémonos ¿Cómo me gustaría que la trataran si fuera mi madre, hija o esposa? Les apuesto que de pensar así, María Guadalupe no se hubiera quedado ni dos minutos en la calle.

Quedo en espera de sus comentarios en mi cuenta de Twitter @FernandaT o mi correo: info@neteandoconfernanda.com

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