La muerte de Silver King

Por Rodrigo Franco

Cuando me Preguntan ¿y tú quién eres?, ¿qué has hecho?, ¿con quién has trabajado? Me acompañan como recuerdos pasajes que, para quienes sentados en un sillón los sábados cerveza en mano miran el fútbol en la televisión de su hermana, en la sala del departamento de su hermana, quien para explicar a sus vecinos por qué no trabaja, les dice “es mi hermano el actor” las vecinas le creen, porque le han visto en uno o dos capítulos de la “Rosa de Guadalupe”.

Pero volviendo al tema del título, hace muchos años, por ahí de 1988 y 1990 practiqué la Lucha libre, asistí a aprender al gimnasio “Felipe Ham Lee”, que ha sido nido de muchas estrellas del pancracio.

Ya he contado que fui levantador de pesas, y como siempre he sido bueno para la “vitamina t” alternaba entrenamientos de lucha libre para quemar grasa cuando venía una competencia.

Esa preparación me ayudó a destacar y estar listo en unos meses para presentarme ante el público, y gracias a que algún compañero, faltó a su debut en la arena “Ecatepec”. Y ya sabrán, este chaparro que además de la preparación física llevaba cancha teatral, pues me animé a sustituir al ausente en la lucha preliminar en parejas. De mi desempeño no lo puedo juzgar, pero, lo que le llamó la atención al público de mi actuación fue la altura que alcanzaba para dar patadas voladoras y salir por encima de la tercera cuerda, obvio todo heredado del entrenamiento del levantamiento de pesas donde los saltos largos y altos son básicos.

En fin, recuerdo que el pago por mi debut fue de $32.00 (o $320.00) en la misma función que encabezara Octagón quien cobró $1,500,000.00 (no digo de los de antes para no hacer sentir adulto mayor a algún lector). Por ese entonces yo había dejado de trabajar en Reino Aventura donde cobraba $120,000.00 por día de trabajo, los que comparados con los $32.00 o $320.00 me pareciera una diferencia brutal. Recuerdo, que lo cobrado por esa lucha lo gastamos en un puesto de tortas por el metro Tlatelolco propiedad y atendido por el mismo luchador que esa tarde había sido mi rival en el ring.

Lo mismo pasó la siguiente semana. Me di cuenta, que los compañeros luchadores provienen o provenían en ese entonces, no sé ahora, de los extractos sociales más humildes, boleros, taqueros, tragafuego, albañiles, periodiqueros que buscaban una mejor situación económica o el sustento diario jugándose el cuerpo, rayándose el pellejo. Quizá por falta de conciencia era por lo que asistían a entrenar en estado inconveniente poniendo en riesgo su vida SIEMPRE BUSCANDO LA GRAN OPORTUNIDAD.

También en esos días se inició el bum de la lucha libre con voces en favor y en contra. Una voz que se escuchó, no siempre a favor, fue la de “El Hijo del Santo” quien, en entrevistas, decía que en la nueva forma de difundir la lucha libre no le gustaba, porque es un espectáculo televisivo “donde los gladiadores mexicanos, siendo superiores a cualquiera de otras latitudes, eran como naranjas, solo se les sacaba el jugo y los tiraban a la basura”. Su comentario me pareció de lo más acertado, sobre todo recordando mis $32.00.

Ayer en alguna arena de Inglaterra el famoso luchador Silver King perdió la vida en condiciones más que lamentables, seguramente su desempeño en el ring lo impulsaba a ratificar, que la

Lucha Libre Mexicana es la mejor del mundo y lo es gracias a luchadores como él y a muchos otros como los que me acompañaron en mí debut.

En esa lamentable función resulta que El Hijo del Santo es el promotor. Es el encargado de la contratación de los luchadores de su empresa.

Hoy me pregunto, ¿recordará este también legendario luchador sus palabras de aquellas entrevistas?, ¿iniciará un calvario para los deudos de esta estrella de la lucha libre?, ¿pasará este atleta a ser un bonito recuerdo para su familia (con la que no convivía por su trabajo) mientras ellos ahora pasen penurias económicas? Deseo lo mejor para los deudos de este gladiador y todos que se rayan el cuero para satisfacer al respetable.

Cuando me preguntan, ¿y tú quién eres? No puedo contestar “soy esta y muchas historias”, que seguramente algunos pondrán en duda porque somos pocos los se han atrevido a vivirlas y, para su vergüenza y mi orgullo, esta también ES UNA HISTORIA CIERTA.

Atte: Indio Dañero Remembrosososososo

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