Ayotzinapa: Crímen de Estado

Saul Vazquez Torres[i]

@Sawie


  • El pasado 24 de noviembre en su gira en Tlapa de Comonfort, el titular del ejecutivo al referirse al reciente asesinato del activista Arnulfo Cerón declaró:
  • Cuando son Crímenes de Estado es difícil saber, pero en el caso de Arnulfo, en el caso de los jóvenes de Ayotzinapa y en muchos otros casos, no se puede hablar de Crímenes de Estado, porque ahora el representante del Estado, el comandante supremo de las Fuerzas Armadas, el presidente, el que les habla, no va a permitir ninguna injusticia, ningún acto autoritario.

Como es costumbre, los defensores de oficio del régimen primero intentaron argumentar que eso no era lo que había proferido el ciudadano presidente, sin embargo, en la era de las benditas redes sociales, todo queda registrado y el video dio razón a las palabras a la letra citadas por los medios de información. De esta desafortunada declaración hay una serie de elementos que tomar en cuenta.

El primero, y quizás más importante es el reclamo histórico del movimiento por la justicia de los 43 estudiantes desaparecidos: #FueElEstado es una consigna política que aglutinó a familiares, amigos y ciudadanía entorno a la exigencia de justicia. Negar la desaparición forzada de los estudiantes como un Crimen de Estado, es un escupitajo en la cara a quienes entorno a esta consigna nos hemos manifestado por tantos años. Después muchos se han concentrado en defender la línea “No se puede hablar de Crímenes de Estado, porque ahora el representante del Estado… … no va a permitir ninguna injusticia, ningún acto autoritario.” Como si el factor primordial o causa suficiente para definir la categoría del derecho internacional Crímen de Estado fuera la impunidad, o en palabras del citado “la voluntad política.”

En 1945 se estableció la Corte Internacional de Justicia, conocida popularmente como tribunal de La Haya; producto de los crímenes cometidos por los Estados beligerantes de la Segunda Guerra Mundial y se dedica a juzgar la responsabilidad de los Estados que aceptan su jurisdicción (México es uno de ellos), a diferencia de la Corte Penal Internacional que juzga la responsabilidad de personas. Es decir, contamos con un sistema internacional de justicia funcional, que México reconoce y que se ha dedicado a asignar la responsabilidad de Estados en diferentes violaciones de la ley internacional. El más celebre caso de esto es cuando México ganó un fallo en 2004 por la violación de los derechos consulares de connacionales condenados a muerte por los Estados Unidos.

Me parece importante aclarar que existen entonces los Crímenes de Estado en el derecho penal internacional, por si alguna persona pudiera caer en el engaño discursivo del titular del poder ejecutivo. No obstante, no me parece que sus declaraciones hayan sido producto de la mera ignorancia sino de la intencionalidad política de lavarse las manos de su responsabilidad, quitar importancia a los casos y descalificar a los activistas defensores de los Derechos Humanos. En un texto del Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Raúl Zaffaroni, para el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM podemos encontrar la causa de este giro discursivo de nuestro mandatario: Ningún Crimen de Estado se comete sin ensayar un discurso justificante.

Zaffaroni explica que los gobernantes y autoridades siempre buscan a través de cinco estrategias, negar, minimizar o desviar la atención de dichos crímenes: Negación de la Responsabilidad; negación de la lesión; negación de la víctima; condenación de los condenadores; y, que no nos sorprenda; apelación de las lealtades más altas. En 2013 vimos mucha negación de las victimas entorno a los estudiantes, se les calificó de vándalos, aliados del narco, por mencionar algunas. Sin embargo hoy vemos negación de la responsabilidad “No fue un Crímen de Estado”; condenación de los condenadores: “son fifís, opositores que sirven a propósitos oscuros” y, apelación a las lealtades más altas.

Para Zaffaroni no sería de sorprenderse ya que él describe a los apologistas y culpables de los Crímenes de Estado de la siguiente manera:

Los Criminales de Estado ni siquiera suelen rechazar frontalmente los principios que imponen límites racionales al ejercicio del poder, sino que más bien lamentan que no puedan ser respetados en las circunstancias que ellos operan desde el poder y en ocasiones pretenden ser los restauradores de las circunstancias que permitirán volver a respetarlas, o bien, de otras que las realicen más plenamente

¿Suena familiar? No debería de sorprendernos. Hace unos días todos escuchamos el discurso crítico del General Carlos Gaytán Ochoa sobre las molestias, más que justificadas, de varios elementos del Ejército Mexicano sobre las estrategias y fallas operativas del actual gobierno. Es de conocimiento público que el informe del GIEI descartó la teoría de la responsabilidad del entonces presidente municipal José Luis Abarca y puso la lupa sobre el ejército mexicano

No es gratuito que López Obrador se identificara a si mismo en su discurso como “comandante supremo de las Fuerzas Armadas”, un cargo que le corresponde constitucionalmente, pero ¿venía al caso recordarlo en la gira en Tlapa de Comonfort? Pareciera que su mensaje, paradójicamente era uno de impunidad a los responsables de lo que todos sabemos fue un Crímen de Estado.

[i] El Autor es Licenciado en Relaciones Internacionales por el Tecnológico de Monterrey, Campus Santa Fe, Integrante de la Red de Nortemericanistas del CISAN-UNAM, Asociado del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI); Consejero Nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD) e Integrante de la Iniciativa Galileos.


Print Friendly, PDF & Email